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martes, 26 de abril de 2011

Los avances en ingeniería genética permitirán incorporar vacunas a los alimentos transgénicos en cinco años

Según la opinión de los expertos, los laboratorios de ingeniería genética no tardarán más de cinco años en producir los primeros alimentos transgénicos con vacunas incorporadas. Los estudios más avanzados apuntan a que será la vacuna del cólera la primera en hacerse un hueco en los laboratorios, aunque ello no implique que este tipo de alimentos pueda comercializarse en este plazo de tiempo tan reducido. Este será el tema principal que expondrá mañana José Pío Beltrán, investigador del Instituto de Biología Molecular y Celular de Plantas que el Consejo Superior de Investigaciones Científica tienen Valencia, durante la conferencia que ofrecerá a partir de las 19:30 horas en el Centro de Investigación del Cáncer dentro del ciclo Vive la Ciencia.
Alimentos Transgenicos

José Pío Beltrán investiga desde hace años las posibilidades de las nuevas técnicas de ingeniería genética que, según ha manifestado en alguna ocasión, "favorecerán la intervención del hombre en todas las fases de la cadena de producción de los alimentos".

En la actualidad ya existen en mercados como el japonés vegetales modificados genéticamente que contribuyen a mejorar la salud de los consumidores, como es el caso del arroz dorado: la planta ha sido modificada genéticamente para que produzca cantidades elevadas de beta-caroteno, con lo que se combate la deficiencia de vitamina A, que es una de las causas de la ceguera. Un avance que en el caso de las vacunas llevará más tiempo.

Beltrán será el encargado de inaugurar con su charla La Ingeniería Genética y las Plantas del Futuro el ciclo de conferencias que se celebrarán en el salón de actos del Centro de Investigación del Cáncer todos los martes y jueves del mes de mayo. Bajo el título Vive la Ciencia la Universidad de Salamanca, el CSIC, y la Fundación BBVA traen a la ciudad a investigadores de distintas áreas para favorecer la divulgación de los resultados de la investigación. Todas las conferencias estarán abiertas al público y se celebrarán a partir de las 19:30 horas.

domingo, 24 de abril de 2011

Ultimos descubrimientos sobre ingeniería genética

Los descubrimientos más recientes sobre ingeniería genética confirman las graves insuficiencias en la reglamentación y los procedimientos de prueba existentes, así como el grado de imposibilidad de prever los impactos ecológicos de los organismos transgénicos. Los siguientes estudios son de fundamental importancia.
Impacto sobre los organismos del suelo y la vida vegetal:


En la reunión anual de 1994 de Ecological Society of America, investigadores de la Universidad del Estado de Oregon informaron sobre ensayos realizados para evaluar una bacteria genéticamente manipulada, diseñada para convertir desechos de cultivos en etanol.
Una bacteria típica que habitaba zonas de raíces, la Klebsiella planticola, fue manipulada con la nueva capacidad de producir etanol en la zona de las raíces, y la bacteria manipulada fue agregada a cámaras del suelo en las cuales se cultivaban plantas de trigo. En un tipo de suelo, todas las plantas que recibieron tratamiento con microorganismos genéticamente manipulados murieron, mientras que las plantas precursoras y las que no recibieron el tratamiento se mantuvieron sanas.
También en todos los casos los hongos micorrizos del sistema radical fueron reducidos a menos de la mitad, lo cual arruinó la absorción de nutrientes y el crecimiento vegetal. Este resultado fue imprevisible. Se sabe que la disminución de este hongo vital lleva a que las plantas sean menos competitivas con las malezas, o más susceptibles a enfermedades.


Rápida transferencia de transgenes por hibridación espontánea entre colza manipulada y un pariente silvestre:
En 1994, investigadores científicos de Dinamarca informaron sobre la existencia de pruebas suficientes de que una planta de colza genéticamente manipulada para ser tolerante a herbicidas trasmitió el transgene a una hierba silvestre emparentada, la Brassica campestris ssp. campestris. Esta transferencia puede tener lugar solamente en dos generaciones de la planta.

En Dinamarca, la B. campestris es una hierba común en los campos donde se cultiva colza, en los que la eliminación selectiva con herbicidas es actualmente imposible. La maleza silvestre emparentada con ésta es común en muchas partes del mundo. Una forma de evaluar el riesgo de liberar colza transgénica es medir el índice de hibridación con B. campestris, porque ciertos transgenes podrían convertir a su pariente silvestre en una maleza más agresiva e inclusive más difícil de controlar. Los resultados del equipo danés demostraron que puede haber altos niveles de hibridación en el campo (Jorgensen, R. y Andersen, B. 1994). Sus ensayos de campo revelaron que se produjeron entre 9 y 93% de semillas híbridas en distintas condiciones. Los científicos también advierten que como es probable que el gene para la resistencia a herbicidas se transfiera a la maleza, esta estrategia herbicida será inútil luego de transcurridos algunos años. Al igual que muchas otras malezas, la B. campestris con transgenes de colza puede ser preservada por muchos años pese a los esfuerzos por exterminarla. Arribaron a la conclusión de que la B. campestris con el transgene tolerante a herbicidas puede presentar riesgos económicos para los agricultores y para la industria biotecnológica. Finalmente, los ecosistemas naturales pueden verse afectados.


Supervivencia y propagación de organismos genéticamente manipulados/ADN de confinamiento: Los OGMs que están siendo diseñados actualmente para su venta comercial fueron pensados para ser fuertes y robustos. Pueden migrar, mutar y multiplicarse. Esta naturaleza autoduplicadora del material genético y propagación lateral a través de los ecosistemas desemboca en una situación intrínsecamente inestable e impredecible. En contraste, las cepas de laboratorio de OGMs supuestamente no fueron pensadas para sobrevivir en el medio ambiente abierto. Es por eso que con frecuencia se supone que el medio ambiente está protegido de la propagación de organismos genéticamente manipulados utilizados en condiciones de confinamiento (laboratorios).

Los riesgos potenciales existen incluso donde los organismos genéticamente manipulados sobreviven sólo por un corto período en el entorno natural, porque algunos de ellos pueden inclusive ser capaces de transferir parte de sus ácidos nucleicos a otros miembros








Nuevas pruebas sobre los peligros de la ingeniería genética

Las nuevas biotecnologías que manipulan los genes de bacterias, virus, semillas, animales y seres humanos están inmersas en un mar de controversia e incertidumbre. Desde que se concibió la comercialización de productos transgénicos, a mediados de la década del 70, destacados científicos pidieron cautela y advirtieron sobre los riesgos, aun en la fase deinvestigación.

En las dos décadas siguientes, la industria estadounidense en particular tomó la delantera. Tras el lanzamiento al mercado del tomate Flavr Savr, el primer alimento transgénico del mundo en comercializarse, comenzó un proceso de desregulación. Ese tomate fue un fracaso comercial y fue retirado del mercado dos años después, pero la industria triunfó, porque hoy en día no existe en Estados Unidos una regulación integral sobre bioseguridad ni el etiquetado de alimentos transgénicos, aunque más de 80 por ciento de los consumidores encuestados lo reclaman.
 


En contraste, Europa tiene un sistema más estricto y amplio de control y regulación de la biotecnología. Las normas de la Unión Europea exigen a los países miembros, “de acuerdo con el principio cautelar, garantizar que se tomen todas las medidas apropiadas para evitar efectos adversos sobre la salud humana y el ambiente que puedan derivarse del lanzamiento deliberado o la introducción de organismos transgénicos en el mercado”.
Preocupados, los países en desarrollo exigieron un tratado mundial para regular los organismos y productos genéticamente modificados. Pese a la fuerte resistencia de los principales países productores de transgénicos, obtuvieron el Protocolo de Cartagena sobre Seguridad de la Biotecnología, si bien bastante debilitado.