Las nuevas biotecnologías que manipulan los genes de bacterias, virus, semillas, animales y seres humanos están inmersas en un mar de controversia e incertidumbre. Desde que se concibió la comercialización de productos transgénicos, a mediados de la década del 70, destacados científicos pidieron cautela y advirtieron sobre los riesgos, aun en la fase deinvestigación.
En contraste, Europa tiene un sistema más estricto y amplio de control y regulación de la biotecnología. Las normas de la Unión Europea exigen a los países miembros, “de acuerdo con el principio cautelar, garantizar que se tomen todas las medidas apropiadas para evitar efectos adversos sobre la salud humana y el ambiente que puedan derivarse del lanzamiento deliberado o la introducción de organismos transgénicos en el mercado”.Preocupados, los países en desarrollo exigieron un tratado mundial para regular los organismos y productos genéticamente modificados. Pese a la fuerte resistencia de los principales países productores de transgénicos, obtuvieron el Protocolo de Cartagena sobre Seguridad de la Biotecnología, si bien bastante debilitado.
